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EL SECRETO DEL MAESTRO.

Títulos y grados de Karate-Do

¿Que cinturón eres?
¿Cuántos Danes tienes?

El sentido de reconocer a una persona con un grado o cinturón de Karate-Do Tradicional en nuestra escuela tiene como propósito otorgar al karateka un reconocimiento íntimo y una certificación pública de sus conocimientos, esfuerzos, dedicación, entrega y profundización en el aprendizaje y práctica de este arte marcial. También se espera que estos grados y títulos reflejen en alguna medida la comprensión interna de los objetivos espirituales que tienen las artes marciales en general y nuestra escuela en particular, en su aplicación directa a la vida cotidiana, buscando una superación personal en beneficio de la sociedad y el ser humano.

En relación a los grados y títulos que se alcanzan o se reciben en las artes marciales a veces sucede que estos no siempre reflejan lo buscado por sus maestros.
En el mundo del Karate por ejemplo, como es natural en todas las áreas donde interactuamos los seres humanos hay características individuales. Así, he visto a lo largo de los años en las escuelas y dojos todo tipo de personas… Por ejemplo, personas que no solo han llegado a ser excepcionales ejecutantes de Karate-Do en el aspecto físico/técnico alcanzando muy altos reconocimientos, grados y títulos, si no que también han logrado llegar a ser inspirados por las enseñanzas del Karate-Do y superándose a si mismos, notables personas en la vida cotidiana, con un altísimo grado de conducta moral, ética e incluso alcanzando una profunda espiritualidad en sus vidas. Por otro lado, también encontramos personas que pudieran poseer un alto nivel físico/técnico, altos grados e incluso títulos de maestro y no reflejan en su quehacer cotidiano o íntimo lo motivado desde las artes marciales. De la misma forma, por error podríamos llegar a considerar a nuestro arte marcial, escuela, o a nosotros mismos como superiores a otros, e incluso por el solo hecho de haber sido reconocidos con un titulo, grado o cinturón más alto.
En mi opinión esto ultimo no es así, y claramente creo que el hecho de tener un cinturón, un grado más alto, o un titulo de maestro no convierte a una persona en “superior” a otras.

El secreto del maestro

Quien o que es un maestro ?
Basta con tener el titulo o grado para serlo?

Cuando en nuestra escuela nos referimos a una persona como “maestro” le estamos reconociendo como alguien que ha logrado a través de muchos años de practica física y principalmente “interna” el desarrollo y evolución no solo de sus potencialidades físicas si no que principalmente del aspecto interno y espiritual de la practica a niveles de verdadera excelencia aplicados en la vida cotidiana.

Al respecto de quien es un maestro se dice mucho… Sin embargo, creo que hay una característica muy especial y paradojal que en mi opinión todo verdadero maestro posee, esto es que además de alcanzar una altísima profundidad y excelencia en su arte marcial esta persona también encarna de manera evidente la virtud de la “humildad”.

La humildad…

…Se nos ha enseñado que la “conciencia de la propia virtud es arrogancia espiritual” por lo que “el maestro paradojalmente es una persona que en esencia pasaría su condición de maestría inadvertida y “desconocida” principalmente para si mismo”.

El viento sopla y nos trae el hermoso canto del pájaro, se dice que su canto es hermoso porque el ave no tiene la más mínima conciencia de que así lo es, si la tuviera sería un “pavonearse” irritante a los oídos…

En palabras simples, un verdadero maestro es una persona realmente sencilla y humilde… Por el contrario, quien se reconoce ante los demás, o secretamente en su interior como “un sabio y humilde maestro”, un iluminado, un poseedor de la verdad, una persona superior a otras... Con seguridad no lo es… Podemos entonces comprender rápidamente cuan lejos nos mantiene nuestro ego de la condición de maestría….

A mi entender, si nuestra practica es honesta y bien guiada nos debería acercar así poco a poco a esta sincera humildad, sano bienestar y paz interior junto al difícil reconocimiento de nuestro ego, ilusión, escisión interna, sesgo, narcisismo, soberbia, omnipotencia, etc. y enfocarnos a usar el poder que entrega el Karate-Do para superarnos como personas en beneficio de todo y todos. En mi opinión esto es inmensamente difícil de lograr sin la ayuda de buenos guías, por eso la importancia de escoger bien a nuestro maestro y a quienes son nuestros compañeros.

El maestro en realidad también puede ser “algo” que encarna muchas veces sin saberlo, el conocimiento mismo, es una lámpara que alumbra el camino. El maestro así entendido no es solo una persona, también puede ser una palabra, un relato, un perdón, un sonido, una experiencia, etc., etc… Y es que el “maestro” llega, nos visita, pasa y se va como la fresca brisa de verano, enseña sin buscar hacerlo, y con su sola presencia nos educa y nos deja el aroma de su paz…

Habiendo dicho lo anterior creo que los grados y títulos en Artes Marciales si bien es cierto son un reconocimiento externo y una responsabilidad interna no son en si mismo garantía de nada. E incluso por esas cosas del “ego” estos pueden llegar a ser una espada de doble filo que finalmente puede cortarnos a nosotros mismos creyéndonos un cuento que no es mas que una ilusión.

En este sentido los grados y títulos podrían parecer tropiezos o piedras en el camino del Kenshin Karate-Do, algo inútil... Sin embargo, al igual que el dicho Zen que dice que “las piedras del camino son el camino mismo”, los grados y títulos también pueden ser esas piedras y estorbos del camino… y por esto mismo transformarse si tenemos la mente y el corazón abiertos a aprender, en una gran lección para la vida interior, en un gran “maestro”…

 

Dicen que el volver a empezar siempre de nuevo es el secreto de los que triunfan…

Por esto quizás… volver a ser siempre un cinturón blanco sea el secreto del cinturón negro,
volver a ser siempre un aprendiz sea el secreto del profesor,
volver a empezar siempre de nuevo sea el secreto del maestro…

Con afecto

Álvaro Rodrigo Bustamante Escayol
Profesor.
Santiago de Chile.
Septiembre del 2013.

Lectura relacionada: “Más allá de un cinturón”