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Extracto de relato escrito por Sensei Pa Chi (QEPD) en su experiencia como alumno del maestro Akamine


… ”En la década de los 50s, el Karate era prácticamente desconocido en Uruguay. Como Artes Marciales solamente se practicaban Savate (sistema de combate francés), Ju Jitsu, y algún estilo chino no específicamente conocido. Pero lo que más se había desarrollado era el Judo (forma deportiva del Ju Jitsu).

En algunos lugares, algunas personas decían enseñar algo que era llamado "defensa personal", que era una especie de "cocktail" de las previamente mencionadas disciplinas.

Al final de los años 50s, aquellos que en aquel entonces practicábamos Judo, tuvimos la oportunidad de asistir a una excelente exhibición de un Artista Marcial venido de las Islas Filipinas. Pero fuimos solamente dos, el Mayor Aquiles Faggiani y yo, quienes atraídos y gratamente impresionados por esta nueva disciplina, decidimos salir a la búsqueda de alguna persona que nos instruyera.

Así, en el año 1960 encontré en San Pablo (Brasil) al Maestro Seiichi Shikan Akamine y se lo informé al Mayor Faggiani, quien, aprovechando su condición de oficial de la Marina uruguaya, logró que esta institución le enviara una invitación oficial para que hiciera algunas exhibiciones en Uruguay.

En esta primera oportunidad, el Maestro Akamine estuvo solamente siete días en nuestro país, donde realizó algunas exhibiciones en distintas instalaciones militares (una de ellas en nuestro Dojo sito en un local llamado Círculo de Armas), pero no dejando ninguna Escuela, ni Organización, de Karate establecidas.

Durante algún tiempo, el único contacto que tuve con el Maestro Akamine fue a través del Mayor Faggiani, porque el tema continuaba manejándose oficialmente a través de la Marina de nuestro país.
Pero con el correr del tiempo el interés del Mayor Aquiles Faggiani en el Karate del Maestro Akamine se diluyó y, habiéndose vinculado a un Maestro de Shotokan (también radicado en Brasil), decidió abrir una organización donde se comenzó a entrenar este estilo.

Decidí entonces volver al Dojo del Maestro Akamine, sito en la Asociación Brasilera de Karate, que en aquel momento estaba radicado en uno de los sótanos de un local establecido en la Rua Tabachinhuera (San Pablo).

Así comencé a viajar asiduamente a Brasil y me convertí en el primer alumno uruguayo, personal y directamente entrenado por el Maestro Akamine. Entrenaba todos los días, menos los domingos, en prácticas muy intensas de dos turnos (4hrs. de mañana y 3 hrs. de tarde/noche), a las cuales en Uruguay no estábamos acostumbrados.

Aunque continué dando clases en el Círculo de Armas, decidí abrir otro Dojo de forma de poder volver a invitar al Maestro y, en 1962, viajé a San Pablo especialmente para invitarlo.

Luego de una reunión muy importante en la que participaron algunos de sus alumnos de mayor confianza (Nobukasu, Saito, Moggi y algún otro), y en la que se consolidó de hecho (aunque no oficialmente de derecho) la Kenshin Kan, volví a Uruguay.

Menos de un mes después vino el Maestro, siendo ésta la segunda vez que visitó nuestro país, pero la primera directamente invitado por mí (no por la Marina uruguaya).

En esta oportunidad su estadía se extendió por diecisiete días de intensos entrenamientos y, antes de regresar a San Pablo, me dejó oficialmente designado como su único representante en Uruguay, con el grado de 1er. Dan.

Sin embargo, como aquel nuevo Dojo estaba en un club deportivo, en el cual se practicaban otras actividades, el Maestro pidió que nos trasladáramos a otro lugar que no tuviera que ser compartido con ninguna otra actividad.

Por este motivo, lo que más adelante se convertiría en la Sucursal uruguaya de la Organización Kenshin Kan Karate-Do no fue todavía oficialmente fundada, aunque de hecho comenzó ya a ser llamada con el nombre Kenshin Kan (dos palabras).

Desde este momento mis viajes a Brasil se hicieron más frecuentes aún, en estadías que en casi todos los casos se extendieron por no menos de un mes, siendo la mayoría de las veces gentilmente alojado en el propio hogar del Maestro Akamine. Como siempre los entrenamientos seguían siendo en dos turnos todos los días, pero se hicieron más rigurosos (en algunos casos de tres turnos diarios), siendo éste el período en el que el Maestro Akamine me otorgó el 2do. y 3er. Dan.

Entre 1964 y 1965 surgieron serias discrepancias, que hicieron que finalmente el Maestro Akamine dejara de dar clases en la Asociación Brasilera de Karate, razón por la cual en uno de mis viajes no encontré al Maestro Akamine, sino a otro profesor japonés.

Afortunadamente, a través de varios amigos (que también habían sido sus alumnos), logré encontrarlo y fue oficialmente fundada la Organización Kenshin Kan Karate-Do, en un local sito en la Rua Barao de Ladario (San Pablo, Brasil).

Así muchos de los alumnos que había tenido en la Asociación Brasilera de Karate, algunos de los cuales habían abierto sus propios Dojos, volvieron a entrenar con él y el peso de la evolución de la nueva organización en Brasil recayó sobre uno de sus alumnos de mayor grado y confianza (Tadao Saito).

En 1966, luego de abrir el nuevo Dojo que él me había pedido (Dojo Rambla's), y a sugerencia de Nobukasu (otro de los alumnos de su mayor confianza) e Icuyo (una de las hijas del Maestro), lo invité nuevamente y el Maestro permaneció en nuestro país por algo más de un mes.

En esta oportunidad fue cuando el Maestro Akamine dejó oficialmente establecida la Sucursal uruguaya de la Kenshin Kan Karate-Do, confirmándome como Jefe de dicha Sucursal (a través de documentos certificados por el Consulado y la Embajada de Japón en Uruguay) y ascendiéndome a 4to. Dan.

Luego de esta tercera y última visita a Uruguay, el Maestro viajó a Chile, donde dejó establecida una nueva Sucursal que denominó Ken Shin Kan (tres palabras)... Pero esta es otra historia, que otras personas deberán narrar” ...

 

Nota: Extracto de un texto mucho mas amplio y extenso, escrito por Sensei Pa Chi.